Por todos es bien sabido que las rupturas sentimentales representan un momento personal especialmente difícil, que requiere un proceso de adaptación para aceptar la nueva situación y seguir adelante con nuestras vidas. Sin embargo a veces, esto se hace especialmente duro, y más si ha sido de forma unilateral. La autoestima, la confianza en uno mismo y los demás, el autoconcepto, la sensación de fracaso o de tiempo perdido; son algunos de los aspectos que pueden verse especialmente afectados en este lance.

Por todo ello, hay algunos comportamientos que debemos evitar si no queremos sufrir de más…Vamos a repasar algunos de los errores más comunes que cometemos cuando nos rompen el corazón…

 

1.Negación: El primer obstáculo con el que a menudo es necesario lidiar a la hora de afrontar una ruptura es la negación. Por ello entendemos una oposición frontal a asumir la nueva situación. En esta fase la persona se empeña en creer que la relación no ha terminado, e incluso puede tratar de no modificar nada de su vida (en relación a la ruptura) y seguir adelante como si nada hubiera cambiado. Esto hará que no afronte la recuperación ni su proceso de duelo. La aceptación es fundamental.

 

2.Obsesión: En ocasiones la persona es incapaz de sacarse a su expareja de la cabeza y se concentra en pensar en el otro, preguntarse qué estará haciendo, con quién, dónde, concentrarse en recuerdos comunes o evocar momentos pasados, o repasar fotos o regalos,…Además, en la actualidad, la gran cantidad de redes sociales en internet pueden resultar un medio peligroso para mantener y alimentar la obsesión. Dependiendo del nivel de obsesión, ésta puede llevar a la persona incluso a suplicar e insistir al otro, lo que repercutirá negativamente en la autoestima del primero. Todo esto dificulta mucho el duelo, y pese a que es común, hay que poner freno a la obsesión; sin olvidar también que es fundamental encontrar espacios adecuados para poder expresar y lidiar con el dolor emocional. No debemos obsesionarnos pero tampoco debemos huir de nuestro dolor sin gestionarlo adecuadamente.

 

3.Venganza: A menudo causado por un profundo sentimiento de rechazo o traición, algunas personas al ser dejadas sienten un intenso deseo de venganza, ya sea dirigida a la expareja (perjudicarle a distintos niveles, tratar de provocarle celos,…) o incluso como actitudes surgidas del resentimiento en el seno de nuevas parejas. Es un lastre.

 

4.Exageración o magnificación: Tendencia a atribuir grandes logros, emociones y experiencias a la vida de tu expareja (sin estar apoyados en ninguna información real). La persona abandonada tiende a creer (con gran seguridad) cosas del tipo «mi expareja estará tremendamente feliz», «seguro que ha encontrado a una persona maravillosa, mucho mejor que yo», «sentirá que dejarme fue lo mejor que ha hecho», y pensamientos por el estilo…en resumen, la persona abandonada convierte a su expareja en el polo opuesto a su desgracia: el dolor del dejado es equivalente a la felicidad del otro.

 

5.Idealización: Muy en relación al punto anterior, otro obstáculo importante para superar una ruptura e la idealización del otro, focalizándose selectivamente en sus mejores aspectos y cualidades, olvidando los defectos. Es necesario poder pensar en el otro de forma objetiva, con lo bueno y con lo malo.

 

6.Nuevas Ataduras: Sería el fenómeno opuesto a la dependencia, pero igual de nocivo para un correcto duelo. En este caso, la persona tiende a enterrar su sufrimiento llenando su vida de actividades (lúdicas, laborales, sentimentales,…) Es una manera de no afrontar el dolor y el duelo propio de la ruptura. Si bien es positivo y recomendable el ampliar los horizontes vitales e incluso probar cosas nuevas tras una ruptura, esto no debe servir para evadirnos del proceso subyacente de duelo. Ejemplos comunes de este obstáculo sería la rápida sustitución de la expareja por otra persona en un intento de olvidarla (“un clavo saca otro clavo”) o la sobrecarga de actividades para no poder pensar (ni gestionar el dolor).

 

7.Excesos: Las conductas compulsivas, como el abuso de drogas y alcohol, o una promiscuidad descontrolada, son algunas de las formas de expresión de estas conductas de huida de naturaleza nociva. Si bien, proporcionan pequeños alivios puntuales, provocan una paulatina pérdida de control y además son un parche ante un dolor que sigue ahí.

 

 

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